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[ Doctor Garland ]May 20, 2007 6:16 pm

    Se acercaron a la recepción del motel con pasos lentos, Mike podía ser muy bravucón pero desde que acabó la fiesta ha sido, sin duda, el que más veces ha estado a punto de morir y quien más instinto de supervivencia tiene en este lugar. Si no fuera por él estarían todos ya muertos. Por eso Garland no dijo nada cuando Mike se adelantó y le indicó al doctor que fuera más despacio.

    La recepción del hotel estaba medio en penumbras a causa de unos tablones que tapaban las ventanas del local. Pese a ello aún entraba algo de luz y podían ver los cuadros que colgaban de las paredes. Inauguraciones, fiestas de cumpleaños, convenciones de coleccionistas. El lugar parecía haber vivido tiempos mucho mejores que los actuales.

    - Hey Mike, fijate en el tablón de las llaves, están todas disponibles excepto la 104. Parece que tenemos un huésped en el motel.

    - Con la explosión quizás ya no quede nada de él, pero lo mejor será ir a preguntar.

    Cada paso que daban hacía crujir el suelo de manera escandalosamente exagerada. No era un suelo de madera, pero aún así sonaba como en aquellas películas de Clint Eastwood en las que entra en el Saloon, todo el mundo permanece en silencio y lo único que se escucha mientras avanzaba hacia la barra es el crujir de la madera bajo sus pies. Ninguno de los dos cayó en la cuenta hasta que llegaron al final de la escalera que subía al piso superior. Se miraron extrañados, dirigieron su vista al suelo y a continuación volvieron a cruzar sus miradas. Esto es la transcripción de lo que hablaron sin usar una sola palabra de por medio.

    - ¿Has oido lo mismo que yo?

    - ¿Cómo es posible que suene madera sobre un pavimento de ceramica? A menos que debajo haya madera.

    - En determinadas partes del suelo no habían azulejos, y no había madera debajo.

    - Bueno, quizás nos hayamos equivocado al escuchar.

    - Quizás debamos olvidar que esto ha pasado, por nuestra propia cordura.

    - Quizás…

    Pero la mirada de Mike se vió interrumpida por un ruido proveniente del recodo del pasillo. El sonido, semejante al de un zumbido combinado con el de una hoguera, se apagaba lentamente para volver a sonar a continuación más fuerte. Ambos miraron los números de las puertas a ambos lados del pasillo: 101, 102, 103… Tras esa esquina se encontraba la habitación 104.
 

Continuará…

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[ Troy Randall ]February 17, 2007 11:49 am

    Largo. Tortuoso. Frio. Hay muchas maneras de describir el camino por el que fuimos pero ya hemos llegado a nuestra ansiada Avalon. Se trataba de un viejo túnel de metro, estaba a tal profundidad que la luz no podía llegar hasta aquí. Me sentía como suponía que se sentiría uno en un agujero negro, podía ver con la claridad de una noche de luna, pero no sabía porqué, era como si la luz existente aquí no pudiera escapar. Al mismo tiempo tampoco me explicaba como el aire rancio aún podía respirarse con normalidad aún estando podrido.

    El tunel, de tres carriles de ancho, poseia aún un vagón de metro. Luciernaga me hizo señas para que entrase. Con cuidado pasé junto a dos grupos de unas quince personas que estaban haciendo algo que no llegué a ver bien debido a la oscuridad.

    Una vez dentro del vagón pude ver que lo habían reformado para meter unas pocas camas donde ahora dormían algunas personas (que no podría definir con más detalle) y al fondo, tras una cortina que Luciernaga me indicaba que cruzase, se encontraba el ser más extraño, pero al mismo tiempo más humano, que había visto en todo el tiempo que llevo en este mundo de locos. Se hallaba encorbado mirando a unas calaveras pequeñitas (que parecían ser de roedor) en el suelo mientras se balanceaba en cuclillas adelante y atrás, murmurando palabras ininteligibles. Poseía un gorro de invierno y llevaba mucha ropa de abrigo, pero a pesar del gorro se le vislumbraban unas exageradas patillas. Detrás de él había una serie de pilas de libros. Cuando se dió cuenta de lo que ví (y de que, en efecto, estaba allí) dijo mirandome con unos ojos grandes como platos que parecían carecer de iris:

- ¿Has leido a Shakespeare a la luz de la luna? 

Continuará…

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[ Doctor Garland ]October 20, 2006 4:25 pm

    La explosión que se escuchó en el apartamento 104 atrajo al lugar a un grupo de supervivientes de la zona. Eran cuatro, una mujer y tres hombres, todos parecían vestidos como salidos de una fiesta de alta sociedad que sucediera hace mucho. Aunque tenían la ropa manchada y rota en algunas partes no parecían tener intenciones de deshacerse de ella.

   - Alguno de vosotros debería ir a investigar. - Dijo la chica, rubia y de ojos azules, vistiendo lo que antes seguramente fué el vestido que más miradas captará en la fiesta.

    Tres miradas la atravesaron tosca y descortésmente. Pero pronto lo dejaron, sabían que tenía razón, hasta el momento ella no habia sido de demasiada utilidad para el grupo. Aunque de eso ella aún no se había dado cuenta.

   - Mike, acompañame dentro. Daniel, tú quedate aquí con Carla, protegiendola. Gritad si pasa algo.

   - Sí doctor Garland, pero por si acaso tenga usted la pistola.

   - Ni hablar Daniel. En caso de necesitarlo mis dedos artríticos no podrían apretar el gatillo, lo mejor será que la guardes tú en caso de que necesites proteger a Carla.

   - Aquí afuera no les pasará nada, estoy seguro de ello, dejame a mi el revolver Daniel, tengo el presentimiento de que sí que lo necesitaremos.

   - No seas pajaro de mal agüero Mike, no se puede ir por la vida con esa actitud.

   - Ya, claro. Dime Carla ¿alguna vez me he equivocado desde que aparecimos aquí? Si no fuera gracias a mí ahora seriamos fiambres como el resto de tus invitados.

   - ¡CALLATE! ¡No me lo recuerdes! ¿No acordamos no volver a hablar de ello?

   - No, eso lo acordaste tú.

   - Basta ya los dos, vamos adentro Mike, si de verdad crees que puede pasar algo será mejor que tengas listo el revolver, pero esta vez apunta antes de disparar.

   Con paso cauteloso atravesaron la puerta rojiza del hostal hasta desvanecerse a ojos de Daniel y Carla que miraban y escuchaban con especial atención, reconfortandose por la luz verdosa del cartel luminoso de la entrada.

Continuará…

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[ Troy Randall ]September 27, 2006 9:19 pm

    Descendía detrás de Luciernaga agarrandome a una barandilla oxidada, aunque notaba como las paredes se estrechaban y los peldaños pasaban de ser azulejos a estar escarbados directamente en el suelo no dije nada. Habían pasado horas de lo que pasó en la superficie. Mi estomago me decía que más de 4 horas al menos de descenso. Sin avisar y en completa oscuridad paramos. Escuché como se agachaba y rebuscaba algo en su mochila, cuando lo encontró lo encendió. Resultó ser una linterna que emitía una luz azulada, podiamos ver a un metro a nuestro alrededor, tanto en el suelo como en el techo brillaban con un tono azulado fosforito unas lineas continuas que se zambullían con cierta gracia en la oscuridad que teniamos ante nosotros.

    - Es sangre. - Dijo la mujer cuyo aspecto coincidía con la descripción de una amazona en el siglo XXI. - La luz negra es la única luz que podemos encender, y siempre a una distancia prudencial de toda luz natural. El más mínimo resquicio de cualquier otro tipo de luz aquí abajo y todos volaremos en pedazos consumidos por la Luxide.

    Cuando me miró al pronunciar esas palabras pude ver que se hallaba terriblemente desfigurada en el lado derecho de su cara, como si su piel hubiese ardido en un instante.

    - ¿Luxide? Nunca habia escuchado esa palabra antes, ¿qué se sup–

    - Calla y a caminar, aún nos quedan al menos un par de horas de camino y se vuelve peligroso de aquí en adelante. Cuando lleguemos nuestro filologo te podrá explicar lo que necesites. Ten cuidado en donde pisas.

    Y así sin más dió por zanjada la "conversación". No tuve mas remedio que comenzar a caminar.

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[ Troy Randall ]September 22, 2006 8:28 pm

    Primero parecía una mera ilusión óptica inducida por el estrés de las últimas semanas, pero en cuanto fijé mi vista sobre su movimiento serpenteante se volvió más acusado e irreal. Tuvé esa sensación en la nuca que tienen todos los soldados que llevan años sirviendo para una guerrilla. Salté por encima de la cama fuera del marco de luz que lanzaba la ventana. El colchón, iluminado por la luz, comenzó a brillar de manera inusitada, deslumbrandome tanto como un sol matinal, hasta que se estalló en mil pedazos.

    Me quedé paralizado… viendo trocitos de colchón cayendo lentamente.

    Ni siquiera me di cuenta de que la luz avanzaba por el suelo y estaba a punto de tocarme.

    Ni siquiera escuchaba a la chica que me agarró del brazo y me lanzó al pasillo, cerrando la puerta que de igual manera comenzó a brillar.

    -Larguemonos de aquí. - Dijo, y corrió por el pasillo del motel a donde la oscuridad parecia tangible. Escaleras abajo. Por supuesto, la seguí, no pensaba quedarme a ver como la puerta era volatilizada y convertida en montones de astillas a riesgo de verme a mi convertido en el nuevo depositario de toda esa madera de pino.

    Bajamos las escaleras, estuvimos bastante rato bajando las escaleras, demasiado rato si se me permite decirlo, habia escogido una habitación en un primer piso y ya habiamos descendido al menos seis. A petición de ella no encendí ninguna linterna, "la luz atrae a la luz", me dijo. Ella tenía unas gafas de visión nocturna y me avisaría en caso de alguna anormalidad en el descenso. Por el camino le iba haciendo preguntas, no respondió a ninguna excepto la referente a su nombre: Luciernaga.

Continuará…

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