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[ Troy Randall ]April 2, 2008 3:50 am

     - ¿Cómo dices? – La pregunta del filólogo me había pillado desprevenido. ¿Qué si había leído a Shakespeare a la luz de la Luna? Hasta donde alcanzan mis conocimientos en física y biología elemental, sé que no es posible leer bajo la luz de la Luna; al principio parecerá que sí pero al fijar nuestra vista sobre una palabra esta se desvanecería como el polvo que soplas sobre una estantería.

    - ¡Es hermoso! ¡Casi poético! ¡Las palabras escritas en el anglosajón idioma del Bardo parecen alzarse y bailar entorno a tus ojos!, representando las escenas tan fielmente cómo si las estuviera dirigiendo el mismo Shakespeare.

    - Ya, claro, mire… estoy tratando de salir de aquí, a poder ser evitando que esas luces acaben conmigo. Así que si puedes indicarme la salida más próxima…

    - Oh, ¡pero no puedes irte! No sin antes ver esto. Pero antes una pequeña pregunta. ¿Sabes porqué Luciérnaga dio contigo? No fue casualidad querido visitante. Fue profetizado. Todo está profetizado en estos libros que me rodean. Incluso tu rostro, tu exacto rostro es una ilustración en este libro. Mírate, mírate. Justo en la página marcada.

    Tomé el libro que me tendía, por la luz diría que se trataba de un libro de terciopelo rojo, y aunque en la textura estoy convencido, del color del mismo no estoy completamente convencido, cuanto más lo miraba más variaba su color hacia marrones, verdes parduscos y violáceos imposibles. Lo abrí directamente en la página marcada con una fina tira de seda, probablemente arrancada de un vestido de fiesta que fue hecho jirones para marcar tantos libros. Al principio me pregunté si no se había equivocado de volumen, o si había marcado mal la página, pues el libro estaba completamente en blanco. Pero recordé lo que pensé cuando mencionó la luz de la luna, así que saqué mi linterna de bolsillo y la encendí para leer las páginas del tomo.

    -¡NOOO!

    El grito de ambos sonó casi al unísono, retumbando en todo el túnel de metro y alertando a todos los grupos de personas que se encontraban fuera. La cara de pánico que vi al iluminar al Filólogo me bastó para darme cuenta, no solo del pánico que les tenía a las luces fuertes, sino de lo que Luciernaga ya me había dicho antes de bajar a los túneles del metro.

    "La luz atrae a la luz."

    Apagué mi linterna, y acto seguido todo el lugar comenzó a temblar.

Continuará…

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[ Troy Randall ]February 17, 2007 11:49 am

    Largo. Tortuoso. Frio. Hay muchas maneras de describir el camino por el que fuimos pero ya hemos llegado a nuestra ansiada Avalon. Se trataba de un viejo túnel de metro, estaba a tal profundidad que la luz no podía llegar hasta aquí. Me sentía como suponía que se sentiría uno en un agujero negro, podía ver con la claridad de una noche de luna, pero no sabía porqué, era como si la luz existente aquí no pudiera escapar. Al mismo tiempo tampoco me explicaba como el aire rancio aún podía respirarse con normalidad aún estando podrido.

    El tunel, de tres carriles de ancho, poseia aún un vagón de metro. Luciernaga me hizo señas para que entrase. Con cuidado pasé junto a dos grupos de unas quince personas que estaban haciendo algo que no llegué a ver bien debido a la oscuridad.

    Una vez dentro del vagón pude ver que lo habían reformado para meter unas pocas camas donde ahora dormían algunas personas (que no podría definir con más detalle) y al fondo, tras una cortina que Luciernaga me indicaba que cruzase, se encontraba el ser más extraño, pero al mismo tiempo más humano, que había visto en todo el tiempo que llevo en este mundo de locos. Se hallaba encorbado mirando a unas calaveras pequeñitas (que parecían ser de roedor) en el suelo mientras se balanceaba en cuclillas adelante y atrás, murmurando palabras ininteligibles. Poseía un gorro de invierno y llevaba mucha ropa de abrigo, pero a pesar del gorro se le vislumbraban unas exageradas patillas. Detrás de él había una serie de pilas de libros. Cuando se dió cuenta de lo que ví (y de que, en efecto, estaba allí) dijo mirandome con unos ojos grandes como platos que parecían carecer de iris:

- ¿Has leido a Shakespeare a la luz de la luna? 

Continuará…

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[ Troy Randall ]September 27, 2006 9:19 pm

    Descendía detrás de Luciernaga agarrandome a una barandilla oxidada, aunque notaba como las paredes se estrechaban y los peldaños pasaban de ser azulejos a estar escarbados directamente en el suelo no dije nada. Habían pasado horas de lo que pasó en la superficie. Mi estomago me decía que más de 4 horas al menos de descenso. Sin avisar y en completa oscuridad paramos. Escuché como se agachaba y rebuscaba algo en su mochila, cuando lo encontró lo encendió. Resultó ser una linterna que emitía una luz azulada, podiamos ver a un metro a nuestro alrededor, tanto en el suelo como en el techo brillaban con un tono azulado fosforito unas lineas continuas que se zambullían con cierta gracia en la oscuridad que teniamos ante nosotros.

    - Es sangre. - Dijo la mujer cuyo aspecto coincidía con la descripción de una amazona en el siglo XXI. - La luz negra es la única luz que podemos encender, y siempre a una distancia prudencial de toda luz natural. El más mínimo resquicio de cualquier otro tipo de luz aquí abajo y todos volaremos en pedazos consumidos por la Luxide.

    Cuando me miró al pronunciar esas palabras pude ver que se hallaba terriblemente desfigurada en el lado derecho de su cara, como si su piel hubiese ardido en un instante.

    - ¿Luxide? Nunca habia escuchado esa palabra antes, ¿qué se sup–

    - Calla y a caminar, aún nos quedan al menos un par de horas de camino y se vuelve peligroso de aquí en adelante. Cuando lleguemos nuestro filologo te podrá explicar lo que necesites. Ten cuidado en donde pisas.

    Y así sin más dió por zanjada la "conversación". No tuve mas remedio que comenzar a caminar.

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[ Troy Randall ]September 22, 2006 8:28 pm

    Primero parecía una mera ilusión óptica inducida por el estrés de las últimas semanas, pero en cuanto fijé mi vista sobre su movimiento serpenteante se volvió más acusado e irreal. Tuvé esa sensación en la nuca que tienen todos los soldados que llevan años sirviendo para una guerrilla. Salté por encima de la cama fuera del marco de luz que lanzaba la ventana. El colchón, iluminado por la luz, comenzó a brillar de manera inusitada, deslumbrandome tanto como un sol matinal, hasta que se estalló en mil pedazos.

    Me quedé paralizado… viendo trocitos de colchón cayendo lentamente.

    Ni siquiera me di cuenta de que la luz avanzaba por el suelo y estaba a punto de tocarme.

    Ni siquiera escuchaba a la chica que me agarró del brazo y me lanzó al pasillo, cerrando la puerta que de igual manera comenzó a brillar.

    -Larguemonos de aquí. - Dijo, y corrió por el pasillo del motel a donde la oscuridad parecia tangible. Escaleras abajo. Por supuesto, la seguí, no pensaba quedarme a ver como la puerta era volatilizada y convertida en montones de astillas a riesgo de verme a mi convertido en el nuevo depositario de toda esa madera de pino.

    Bajamos las escaleras, estuvimos bastante rato bajando las escaleras, demasiado rato si se me permite decirlo, habia escogido una habitación en un primer piso y ya habiamos descendido al menos seis. A petición de ella no encendí ninguna linterna, "la luz atrae a la luz", me dijo. Ella tenía unas gafas de visión nocturna y me avisaría en caso de alguna anormalidad en el descenso. Por el camino le iba haciendo preguntas, no respondió a ninguna excepto la referente a su nombre: Luciernaga.

Continuará…

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[ Troy Randall ]June 18, 2006 8:35 pm

    La luz verdosa que proyectaba el cartel luminoso delante de la habitación que había tomado prestada me producía una extraña sensación de seguridad. Era verde brillante, como las ceras de colores que se les regala a los niños pequeños. Los rincones de la habitación a donde no llegaba la luz parecían más oscuros y tristes, como si hubieran perdido la esperanza de poder entrar en contacto con dicha luz.

    Sin embargo la cama no parecía particularmente alegre, al contrario, tenía miedo, puede sonar absurdo pero realmente daba la sensación de que la cama trataba de huir de la luz, y con ella el papel pintado de la pared y los sucios cristales de la ventana. Era obvio que aquella habitación que había elegido para pasar la ‘noche’ no era una habitación normal. En un mundo como este, la mas mínima sospecha de que algo puede andar mal es una prueba fehaciente de que algo andaba mal. Por ello no considero una buena idea permanecer demasiado tiempo junto a un paranoico. Algunos de los supervivientes consideran una buena idea tener a alguien que vea venir los problemas cuando estos se avecinan, pero no creo que sea eso lo que están haciendo. En este mundo la psicología de las personas esta muy ligada al mundo real, dicho de manera sencilla tus miedos pueden volverse realidad. Algunos de los ya mencionados supervivientes no creen en esto, piensan que el mundo tiene conciencia propia y que nos acecha porque nos considera una amenaza, y por eso tienen a paranoicos entre ellos, para prevenirlos. Los consideran videntes…

    Yo no soy un paranoico, pero llevaba suficiente tiempo en este lugar como para darme cuenta de que algo no iba bien.

Y entonces las luces comenzaron a moverse… 

Continuará…

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