« Luces Danzantes VII -- Old Dungeon & Dragons is Awesome »
- ¿Cómo dices? – La pregunta del filólogo me había pillado desprevenido. ¿Qué si había leído a Shakespeare a la luz de la Luna? Hasta donde alcanzan mis conocimientos en física y biología elemental, sé que no es posible leer bajo la luz de la Luna; al principio parecerá que sí pero al fijar nuestra vista sobre una palabra esta se desvanecería como el polvo que soplas sobre una estantería.
- ¡Es hermoso! ¡Casi poético! ¡Las palabras escritas en el anglosajón idioma del Bardo parecen alzarse y bailar entorno a tus ojos!, representando las escenas tan fielmente cómo si las estuviera dirigiendo el mismo Shakespeare.
- Ya, claro, mire… estoy tratando de salir de aquí, a poder ser evitando que esas luces acaben conmigo. Así que si puedes indicarme la salida más próxima…
- Oh, ¡pero no puedes irte! No sin antes ver esto. Pero antes una pequeña pregunta. ¿Sabes porqué Luciérnaga dio contigo? No fue casualidad querido visitante. Fue profetizado. Todo está profetizado en estos libros que me rodean. Incluso tu rostro, tu exacto rostro es una ilustración en este libro. Mírate, mírate. Justo en la página marcada.
Tomé el libro que me tendía, por la luz diría que se trataba de un libro de terciopelo rojo, y aunque en la textura estoy convencido, del color del mismo no estoy completamente convencido, cuanto más lo miraba más variaba su color hacia marrones, verdes parduscos y violáceos imposibles. Lo abrí directamente en la página marcada con una fina tira de seda, probablemente arrancada de un vestido de fiesta que fue hecho jirones para marcar tantos libros. Al principio me pregunté si no se había equivocado de volumen, o si había marcado mal la página, pues el libro estaba completamente en blanco. Pero recordé lo que pensé cuando mencionó la luz de la luna, así que saqué mi linterna de bolsillo y la encendí para leer las páginas del tomo.
-¡NOOO!
El grito de ambos sonó casi al unísono, retumbando en todo el túnel de metro y alertando a todos los grupos de personas que se encontraban fuera. La cara de pánico que vi al iluminar al Filólogo me bastó para darme cuenta, no solo del pánico que les tenía a las luces fuertes, sino de lo que Luciernaga ya me había dicho antes de bajar a los túneles del metro.
"La luz atrae a la luz."
Apagué mi linterna, y acto seguido todo el lugar comenzó a temblar.
Continuará…

A ver cuando te dignas a continuarla, que me tienes en ascuas. Sólo espero que no seas tan inconstante con tus historias como yo con las mías xD.
Nota dejada por Argos — April 23, 2008 @ 10:26 pm