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Largo. Tortuoso. Frio. Hay muchas maneras de describir el camino por el que fuimos pero ya hemos llegado a nuestra ansiada Avalon. Se trataba de un viejo túnel de metro, estaba a tal profundidad que la luz no podía llegar hasta aquí. Me sentía como suponía que se sentiría uno en un agujero negro, podía ver con la claridad de una noche de luna, pero no sabía porqué, era como si la luz existente aquí no pudiera escapar. Al mismo tiempo tampoco me explicaba como el aire rancio aún podía respirarse con normalidad aún estando podrido.
El tunel, de tres carriles de ancho, poseia aún un vagón de metro. Luciernaga me hizo señas para que entrase. Con cuidado pasé junto a dos grupos de unas quince personas que estaban haciendo algo que no llegué a ver bien debido a la oscuridad.
Una vez dentro del vagón pude ver que lo habían reformado para meter unas pocas camas donde ahora dormían algunas personas (que no podría definir con más detalle) y al fondo, tras una cortina que Luciernaga me indicaba que cruzase, se encontraba el ser más extraño, pero al mismo tiempo más humano, que había visto en todo el tiempo que llevo en este mundo de locos. Se hallaba encorbado mirando a unas calaveras pequeñitas (que parecían ser de roedor) en el suelo mientras se balanceaba en cuclillas adelante y atrás, murmurando palabras ininteligibles. Poseía un gorro de invierno y llevaba mucha ropa de abrigo, pero a pesar del gorro se le vislumbraban unas exageradas patillas. Detrás de él había una serie de pilas de libros. Cuando se dió cuenta de lo que ví (y de que, en efecto, estaba allí) dijo mirandome con unos ojos grandes como platos que parecían carecer de iris:
- ¿Has leido a Shakespeare a la luz de la luna?

Siempre me dejas con la intriga xD.
Empiezo a reconocer características de personas cercanas en tus personajes. Me pregunto si alguna vez saldré yo por ahí también xD.
Ja ne!
:_)
Nota dejada por Argos — February 22, 2007 @ 3:13 pm