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[ Troy Randall ]September 27, 2006 9:19 pm

    Descendía detrás de Luciernaga agarrandome a una barandilla oxidada, aunque notaba como las paredes se estrechaban y los peldaños pasaban de ser azulejos a estar escarbados directamente en el suelo no dije nada. Habían pasado horas de lo que pasó en la superficie. Mi estomago me decía que más de 4 horas al menos de descenso. Sin avisar y en completa oscuridad paramos. Escuché como se agachaba y rebuscaba algo en su mochila, cuando lo encontró lo encendió. Resultó ser una linterna que emitía una luz azulada, podiamos ver a un metro a nuestro alrededor, tanto en el suelo como en el techo brillaban con un tono azulado fosforito unas lineas continuas que se zambullían con cierta gracia en la oscuridad que teniamos ante nosotros.

    - Es sangre. - Dijo la mujer cuyo aspecto coincidía con la descripción de una amazona en el siglo XXI. - La luz negra es la única luz que podemos encender, y siempre a una distancia prudencial de toda luz natural. El más mínimo resquicio de cualquier otro tipo de luz aquí abajo y todos volaremos en pedazos consumidos por la Luxide.

    Cuando me miró al pronunciar esas palabras pude ver que se hallaba terriblemente desfigurada en el lado derecho de su cara, como si su piel hubiese ardido en un instante.

    - ¿Luxide? Nunca habia escuchado esa palabra antes, ¿qué se sup–

    - Calla y a caminar, aún nos quedan al menos un par de horas de camino y se vuelve peligroso de aquí en adelante. Cuando lleguemos nuestro filologo te podrá explicar lo que necesites. Ten cuidado en donde pisas.

    Y así sin más dió por zanjada la "conversación". No tuve mas remedio que comenzar a caminar.

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[ Troy Randall ]September 22, 2006 8:28 pm

    Primero parecía una mera ilusión óptica inducida por el estrés de las últimas semanas, pero en cuanto fijé mi vista sobre su movimiento serpenteante se volvió más acusado e irreal. Tuvé esa sensación en la nuca que tienen todos los soldados que llevan años sirviendo para una guerrilla. Salté por encima de la cama fuera del marco de luz que lanzaba la ventana. El colchón, iluminado por la luz, comenzó a brillar de manera inusitada, deslumbrandome tanto como un sol matinal, hasta que se estalló en mil pedazos.

    Me quedé paralizado… viendo trocitos de colchón cayendo lentamente.

    Ni siquiera me di cuenta de que la luz avanzaba por el suelo y estaba a punto de tocarme.

    Ni siquiera escuchaba a la chica que me agarró del brazo y me lanzó al pasillo, cerrando la puerta que de igual manera comenzó a brillar.

    -Larguemonos de aquí. - Dijo, y corrió por el pasillo del motel a donde la oscuridad parecia tangible. Escaleras abajo. Por supuesto, la seguí, no pensaba quedarme a ver como la puerta era volatilizada y convertida en montones de astillas a riesgo de verme a mi convertido en el nuevo depositario de toda esa madera de pino.

    Bajamos las escaleras, estuvimos bastante rato bajando las escaleras, demasiado rato si se me permite decirlo, habia escogido una habitación en un primer piso y ya habiamos descendido al menos seis. A petición de ella no encendí ninguna linterna, "la luz atrae a la luz", me dijo. Ella tenía unas gafas de visión nocturna y me avisaría en caso de alguna anormalidad en el descenso. Por el camino le iba haciendo preguntas, no respondió a ninguna excepto la referente a su nombre: Luciernaga.

Continuará…