« Que viene el coco… III -- Luces danzantes »
Oscuridad.
No habia estrellas en el cielo, ni paredes, ni horizontes a los que mirar. Fuera de la plataforma era todo oscuridad. Era como mirar al cielo en una noche abierta, con el universo extendiendose en todas direcciones, completamente sobrecogedor. Pero… no habia cielo.
-La Noche de los Tiempos.
Una figura se hallaba de pie en el otro extremo de la plataforma, vestida con un hábito de color carmesí, dirigiendose hacia mí, que aún mantenía un pie en los escalones.
-Es hermoso, la magnificencia de estar presente para contemplar como todo este gran juego que se ha dispuesto para nosotros acaba.
No podía verle la cara, no sabia ni de donde procedía la luz que permitía que pudiese verme a mi mismo, el suelo donde piso y el hombre que se erguía ante mí.
-¿Eres Elroy? -Dije, aún bajo el shock que suponía todo esto.- ¿El… compañero de Clyde?
-Creo que tú te refieres a “ese” hombre. -Contestó, señalando el centro del circulo donde descansaba el cadaver del que debió ser Elroy, con su mono azúl del trabajo, en una postura que cuadraba con el circulo interior que habian dibujado a su alrededor. Prestando atención a los diagramas se advertía que estaba formado por tres circulos concentricos, dos rombos bien definidos y numerosas lineas que carecían de una forma euclidiana, parecia como si el dibujo quisiera despegarse del suelo.
-¿Entonces quién diablos… ?
-¡YO! -interrumpió. - soy el auténtico Elroy, él no fué más que una cascara con que manipular a los demás y traer a este mundo a mi querida mascota.
De la nada surgió la esfera peluda, logré apartarme a tiempo para esquivarla, se empotró ligeramente en el suelo pero rapidamente cambio de dirección y se sumergió en la oscuridad de nuevo.
-Como puedes observar mi pequeño tiene hambre, no te importa que se sirva un tentempié contigo ¿verdad?.
Surgió de la oscuridad de nuevo, esta vez más veloz y con mas fiereza, salté hacia atrás y se volvió a empotrar en el suelo, se volvió hacia mi y gracias a que tropecé hacia atrás el monstruo se desvaneció en la oscuridad.
-Debes ser un chico afortunado, no hay muchos que logren esquivarlo dos veces. Él no lo consiguió.
-¿Como llegaste aquí?
-Siempre estuve aquí.- Detrás mia se escuchaba como se acercaba,- Desde antes de los dinosaurios, dominabamos el mundo, solo estabamos nosotros. - salté a un lado y ví pasar a toda velocidad a la bestia, que se hundía de nuevo en la oscuridad.
¿Nosotros?
Me quedé al borde de la plataforma, no habia rastro alguno de que hubiese nada debajo, entonces surgió una vez más frente de mí, una última vez, me dije. Con sus enormes fauces abiertas, tuve el tiempo justo de agarrar el “caramelo”, lanzarlo a su interior y echarme a un lado. Como esperaba, la criatura no masticaba la comida, engullía directamente. Pero no ocurrió nada. Desapareció una vez más en la oscuridad.
-¿Quienes son nosotros? - Dije, cansado de jugar a esquivar la pelota.
-Nosotros somos Los Únicos. Y me encantaría continuar esta encantadora conversación pero me temo que no te queda tiempo. Al fin has puesto en marcha el ritual.
¡¿Qué?!
Un brillo oscuro, imposible de explicar con otras palabras, comenzó a surgir del circulo, unas sombras engulleron al Elroy muerto, dejandolo en una tonalidad de grises que parecian sacadas de una pelicula en blanco y negro. Mis zapatos, normalmente azules y blancos, comenzaron a volverse grises tambien, sentí como me agotaba por momento, era como tener sueño despues de haber hecho mucho ejercicio. Y la sensación crecia por momentos.
-Dejate llevar, no puedes hacer otra cosa y después, cuando todo pase, solo sentirás paz.
La voz sonaba distorsionada, ya no escuchaba bien, habian ecos en sus palabras, habian palabras que no habia dicho. Atardecer. Ocaso. Todo estaba terminando. El monstruo perseguidor se habia puesto delante mia, mirandome con una sonrisa perfida, llena de maldad. Elroy se encontraba a su lado, con la misma sonrisa, (…¿o era una mascara?… estoy desvariando…), carecia de ojos o nariz, su rostro, únicamente formado por su sonrisa, podía volver loco al más cabal de los seres. Las sombras para entonces ya me habian llegado a la cintura y habia caido de rodillas. Fue entonces cuando los noté inquietos. Me miraban, si es que se puede aplicar ese verbo, fijamente. Desapareció la sonrisa de sus rostros y me gritaron, pero no pude oirles. Las sombras me habian cubierto. Estaba perdiendo el conocimiento y ví como si la esfera con dientes se deborara a si misma. “Estoy alucinando”, pensé. Elroy se dió cuenta de lo que le ocurria y metió el brazo dentro de su boca. Grave error. Fue absorbido lentamente hacia el interior. Contemplé como su cuerpo se convertía en chicle y se estiraba hasta que no quedó de él mas que el grosor de un hilo de seda.
La esfera se replegó sobre si misma emitiendo un resplandor azulado al final.
En ese momento todo comenzó a temblar, yo sentí como me venian las fuerzas de nuevo. Me levanté y ví como una gigantesca luna roja se acercaba demasiado. Los azulejos comenzaron a flotar y subir, corrí hacia las escaleras, sintiendome mas ligero que nunca, antes de bajar ví como el cadaver de Elroy flotaba tambien hacia la luna. Pero eso fue toda la ascensión que hubo, de golpe el cuerpo fue lanzado contra el suelo, explotando como un globo de agua. Comencé mi propio descenso por las escaleras, la supuesta sangre habia desaparecido y al llevar bajados unos 20 escalones las escaleras comenzaron a resquebrajarse detrás de mí. Bajaba saltando los escalones lo máximo posible, hasta que llegó el punto en que cuando pisé no hubo punto de apoyo. Caí sin más remedio, veía escombros a izquierda y derecha caer conmigo, tambien vi el suelo llegar muy deprisa.
Parecia darme la bienvenida. No se muy bien cuanto tiempo estuve cayendo, quizás unos minutos que se me hicieron cortos o quizás unos segundos que se me hicieron una eternidad. Pero la sensación fue la de caer desde unos cuatro metros, poco menos que la distancia a la que esta el techo.
Me quedé tumbado un buen rato. Respirando polvo del suelo, con cada músculo de mi cuerpo dolorido y mis lentes a un palmo de distancia, viendolo todo borroso. Con lagrimas en los ojos y una sonrisa estupida en mi cara. Seguía vivo. No habia duda de que ese lugar tan maloliente pertenecía al mundo real y no a ningún cielo o infierno. Alcancé a ponerme las gafas y me tumbé boca arriba. El techo y parte de las escaleras se habian derrumbado, se veía el cielo nublado nocturno desde aquella posición. Me levanté, cojeando por alguna fractura sin importancia, y usando a Grays como bastón salí sonriendo de aquel lugar que no pienso volver a visitar.
