« Que viene el coco… II -- Que viene el coco… [ FINAL ] »
El aullido esta vez no parecía que fuera a terminar, busqué entre mis bolsillos unos tapones para los oídos, necesarios para poder dormir por las noches en esta ciudad de fantasmas, y me los puse. Avancé lentamente por el pasillo hasta posar mi mano sobre el pomo de la puerta. El ruido, hasta entonces ensordecedor incluso con los tapones, cesó. El pomo estaba muy frió, lo agarré sin pensar y abrí la puerta de golpe. Las escaleras que había detrás, iluminadas por una luz roja que parecía no venir de ningún sitio en particular, subían una distancia imposible, el supermercado tenía un segundo piso pero aquello parecía subir incluso cinco pisos en espiral y por encima de esos cinco pisos solo había oscuridad.
No quedaba más remedio que subir.
A medida que subía, el aire frío y húmedo que aún se sentía en el supermercado daba pasó a un aire más cálido, pero no cómodo, sino pegajoso y vomitivo. Las nauseas me hacían dudar de querer seguir subiendo, pero debía llegar al fondo del asunto. Al comienzo de la subida se veían las paredes, grabadas con extraños símbolos, círculos y dibujos, pero cuando llegué al tercer piso me di cuenta de que las paredes habían desaparecido, tan solo las escaleras permanecían subiendo. A partir del cuarto el suelo se volvió de un color rojo más puro y se pegaba de forma quitinosa a los zapatos. Si tuviera que definirlo diría que se trataba de sangre, pero no natural ni fresca.
En el quinto piso un enorme círculo con símbolos, figuras geométricas y diagramas había sido dibujado por toda la plataforma. Parecía el final del camino. Quizás hallase aquí mis respuestas.
