« Que viene el coco… I -- Que viene el coco… III »
NdA: Viendo que puse la primera parte muy larga haré las siguientes partes más cortas para hacer la lectura mas ligera, si los lectores prefieren que ponga la segunda parte de golpe en lugar de trocearla, no tienen mas que decirmelo.
Tras leer la carta, las dudas sobre de donde había salido un monstruo semejante se aclararon rotundamente, dejando verse nuevas cuestiones sobre la procedencia de los demás monstruos y sobre porque Elroy se había obsesionado tanto con la criatura del otro mundo.
Pasé cerca de media hora pensando como debía enfocar este dilema, debía darle la píldora, pero también debía averiguar más sobre el ritual que llevaron a cabo y además, si podía ser, salir con vida de esta situación. El supermercado no era muy grande, además de los pasillos había un almacén que daba a la parte de atrás. Allí probablemente encontraría más pistas, era como una segunda casa para aquellos que trabajan en el supermercado.
Me coloqué al lado de la puerta y traté de escuchar a la bestia. Nada. Abrí la puerta lo justo para mirar fuera. Tranquilidad. Salí con cuidado de no hacer ruido y caminé siguiendo la pared derecha, cuando llegué a la curva miré primero a mi espalda, al no ver nada anormal me asomé por la esquina. Los fluorescentes, rotos y chispeando, balanceándose por una brisa inexistente, mostraban mediante destellos que los contenidos de las estanterías estaban, en parte, esparcidos por el suelo. Avancé hasta la primera intersección, e iluminado por el brillo intermitente observé, a través de la siguiente esquina, el largo pasillo que conducía al almacén.
Una risa macabra resonó por todo el pasillo. El fluorescente se apagó. El borde de la puerta se iluminó con un color rojo.
Y la bestia aulló de nuevo.
