« Desde una pda -- Pixels Hunting »
No recuerdo los detalles. De hecho hace tanto tiempo de aquello que casi ni lo recuerdo. No sé lo que ocurrió, solo sé que cuando desperté en mi cama el mundo ahí afuera era distinto. Me asomé por la ventana. Ni siquiera habían árboles ahí afuera y el jardín se había convertido en un gigantesco suelo de azulejos con planchas de hierro oxidado. Desde donde estaba y con la oscuridad del cielo creí distinguir un círculo rojo decorado con símbolos extraños.
Fué entonces cuando un bicho volador apareció volando y atravesó mi ventana. Por como intentaba morderme con sus largas mandíbulas diría que sus intenciones no eran buenas. Menos mal que tenía a mi lado un stick de hockey hierba que me habian regalado, lo agarré y le aticé en donde pensé que tendría el cerebro (si es que tenía). Se tambaleo un poco sobre sus patas traseras y cayó, derrumbado y mareado, hacia atrás. No podía permitirme el lujo de pensar si seguía con vida, asi que le aticé un par de veces más hasta que se le hundió el craneo.
Mierda, mi alfombra.
Ahora que podía fijarme, mi habitación tambien habia cambiado, como si hubieran pasado 60 años y nadie, excepto animales salvajes, hubieran pasado por allí.
El monstruo volador que atravesó la ventana tenía un cierto parecido humanoide. Solo que sin pelo, sin ropa, sin órganos reproductores, de color rojo-rosado, con alas semejantes a las de un murcielago en lugar de brazos y una cabeza como la de un Pterodáctilo…
Esa fue mi primera impresión de este nuevo mundo…

Siempre he tenido en gran consideración los sticks de hockey.
Tu compañero del no-lado espera más detalles de ese extraño mundo. Ésta será nuestra vía de comunicación.
Nota dejada por Argos — April 13, 2006 @ 1:42 am